
El documento reconstruye la presencia de extranjeros en Arrecife durante el siglo XIX (italianos, británicos, franceses, portugueses, gibraltareños, entre otros), mostrando sus oficios, matrimonios y redes familiares a partir de fuentes parroquiales y padrones, y cómo contribuyeron a la vida económica y social de la ciudad. Concluye que, gracias a su condición de puerto dinámico, Arrecife atrajo población foránea vinculada al mar y al comercio, lo que favoreció un marcado carácter cosmopolita y un importante enriquecimiento cultural en el ámbito insular.